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(Cupido)

—¿Mi Cupido?
Mi Cupido
es ese niño
sucio y harapiento
que pide una moneda
y escupe
la mano que se la da:
así, su miseria
me flecha.

Melopea

4.

Miren al astrónomo y a sus adláteres: el patagón y el boliviano. Han tramado un nuevo universo: el sol, la tierra y la luna ocupando solos todo el espacio. Sol, el patagón; tierra, el astrónomo; luna, el boliviano. Miren, no hay más que mirar. El patagón, al centro: es el Padre del Día, alrededor del cual gira la tierra —el astrónomo— alrededor del cual gira el boliviano —la luna, llamada también Reina de la Noche— que gira con el astrónomo alrededor del patagón o sol, Padre del Día. Mírenlos girar, mírenlos como entran por un caminito y salen por el otro y miren cuál es el eje de esa armonía: que los tres son solteros empedernidos y que así se cumplen los cálculos que hiciera el astrónomo. Mírenlos: los tres están absolutamente dedicados a mantener el brillo de sus ojos; por eso, de acuerdo a esos mismos cálculos, no han sido necesarias otras luminarias: sí no hay más que armonía, el Padre del Día (el patagón) es hermoso; la luna o Reina de la Noche (el boliviano) es fiel, y el tercero, la tierra (el astrónomo), es amable. Mírenlos. No hay más que mirar. Giran. Ahí están girando.