Poemas a la intemperie
"Algo asoma sobre la monotonía: “memorias, involuntarios recuerdos, épicos asuntos”. La “Tabla rasa” (dícese en filosofía de la mente antes de haber tenido cualquier representación) es para García Sabal un ambiguo lugar de enunciación: desde allí se padece la ausencia de sentido pero también se parte a la caza del sentido posible. Desde ese sitio incómodo se trata de indagar, como en el poema “Pasante” “... lo que somos:/ un desvío, algún remordimiento”.
Esa tensión —entre la nada y el sentido, entre lo indiscernible y lo por fin nombrado— domina este libro atravesado por una musicalidad austera e impecable. Sobre ese contraste fundamental se deslizan otros: la abstracción de cuño filosófico asaltada, desordenada por los reclamos del deseo; el pensamiento lógico teñido de una súbita sensualidad porque —los poetas lo saben— no hay pensamiento que no esté encarnado en un cuerpo concreto, gozante y mortal.
García Sabal se reconoce en una humana situación de intemperie y ante el obligado balance sobre las pérdidas y las ganancias de una peripecia vital se pregunta simple y dramáticamente como en el poema “Soledades” “¿qué vio? ¿qué? ¿quién?”. A su lado otro texto, “Para el final”, responde y solicita: nombres que alguna vez hablen de nosotros, conversaciones a solas, cuerpos amados.
Sabal también pone en texto las sensaciones de quien, por defecto o elección, busca borrar el mundo para quedarse consigo y vivir la cara y ceca de una soledad perfecta. En ella caben —como en el poema “Sitio”— la delectación y la derrota.
“Tabla rasa” está escrito contra toda altisonancia, subyace aquí la idea de que una voz asertiva no tiene nada nuevo para decir y que, para alimentar la realidad desde las palabras, hay que acudir a una escritura hecha de “arrepentimientos, agregados, decepciones”. Sin embargo, la potencia de estos versos golpea con sus frecuentes y abruptas condensaciones de significado.
García Sabal (Balcarce, 1948) ha publicado “El fuego de las aguas” (1979), “Figura de baile” (1981), “Mitad de la vida” (1983) y “Lugares propios” (1987).
