Juego de olvido y resurrección

Medio: 
Revista Ñ Nº 58
Tema: 
Poemas del libro “Calles” de Santiago Sylvester

¿POR QUÉ LO ELEGIMOS?

Porque hace de la mirada un lenguaje con el que da cuenta de la cualidad fragmentada del hombre actual. En su poesía hay una gran exploración rítmica. Estos poemas pertenecen a “Calles” que publicó Ediciones del Dock.

SYLVESTER BÁSICO

Es autor de “En estos días” (1963); “El aire y su camino” (1966) y “Palabra intencional” (1974). En Madrid, donde estuvo radicado, dirigió la revista “Estaciones”. Otros títulos son: “La realidad provisoria” y “Libro de viaje” (1982). En 1993 recibió el Premio Internacional de Poesía “Gil de Biedma” y el Nacional de Poesía por “Café Bretaña”. Reside en Buenos Aires. Este año publicó la antología “Poesía del Noroeste argentino, siglo XX”, donde reunió a casi cien autores de la región.

Königsberg

Llegaba hasta el borde de la ciudad, donde cedían las
últimas casas: nunca
pudo Kant cruzar esa frontera: nada de excesos en torno al
asunto de los límites;
así dijo las raíces del exilio son interiores: las raíces
también retrocedían, se replegaban temerosas
de cruzar esa zona del corazón
con los cuidados de la angustia.

Königsberg
fue su invernadero: su ideal
no era comer en restoranes y vivir en hoteles, sino la
precisión:
un cerebro volando en línea recta como un desafío
y un privilegio: el de construir
el paisaje, su escenario fiel
y mimarlo por ochenta años: un triunfo de la elaboración
para quien sabe que darse cuenta es aislar, que yo
es representar una idea: amueblar el mundo, y
en cuanto a la vida
vivirla como
una cuestión intensa que no llega a suceder.

Avenida Santa Fe

Toda esta gente, aún sin saberlo,
tiene opinión sobre nosotros: nos da la razón, discute, habla
en contra o a favor:
y todos, aunque
no lo sepan,
necesitan dos oportunidades: la primera, para la impostura; la
segunda (y
siempre que haya suerte), para mostrarse como son.

Ese hombre angustiado
se despierta a medianoche para saber cómo está,
aquella mujer no termina de cuajar en estilo; lo peor
del exhibicionista
no es lo que muestra sino lo que oculta;
¿y qué haremos con ese hombre pomposo que, cuando habla,
no se apoya en su opinión sino en su cuenta bancaria?

Sólo la variedad
justifica esta abundancia: ver
es verse, pero el riesgo consiste en lo contrario:
no advertir que, al mirar,
nos estamos mirando: salir
a no mirar,
y que esta calle no exista para uno.

Balcón hacia un centro de manzana

Comparo esta tormenta con
la que caía encajonada en San Lorenzo: me mojo
con ambas y así voy entrando en este juego
de olvido y resurrección: pero la memoria
no elige tanto como parece: me elige siempre a mí: soy el que
se moja con las dos tormentas,
el que olfatea
y ahí empieza el verano,
el que tampoco elige su mojazón, el que oye la copla:
que llueva sobre mí
agüita en el peladar,
y el que contesta con los pulmones llenos de una gran
confianza.

Que llueva sobre mí: de dos tormentas haremos el eje
y también la periferia.