Jacobo Fijman: publican la obra del poeta que vivía en el Borda
“Años atrás me encontré con la partera que me trajo al mundo, ella me confesó que yo nací hablando, ¿sabe lo que decía? Yo soy el Mesías. Y, además, lo dije en hebreo. Anótelo que es un recuerdo de infancia distinto de los de Borges”, declaraba, no sin cierto sarcasmo, en 1969 a la revista “Panorama”. Ediciones del Dock acaba de publicar en un solo tomo casi todos los poemas. Jacobo Fijman, de él se trata, fue uno de los más b rillantes exponentes de la vanguardia surrealista argentina de los años 20. Murió demente, olvidado y despreciado, en la morgue del Hospital Borda en 1970.
La edición que compila gran parte de su obra fue presentada por el director del volumen, Santiago Silvestre, en la Biblioteca Nacional, de donde, como lector, fue expulsado por desórdenes varios en 1942. Los poemas que se publican en “Jacobo Fijman, poesía Completa” pertenecen a los libros “Molino rojo” (1926), “Hecho de estampas” (1930) y “Estrella de la mañana” (1931). Luego, el libro trae poemas de juventud y dibujos que fueron facilitados por el escritor Daniel Calmels.
“Nuestra idea era no sólo reeditar los tres libros que Fijman publicó, sino también una gran cantidad de poemas aparecidos en revistas u otros medios de difusión. Tuvimos la suerte de conectarnos con Calmels que tenía reunida gran parte de esa obra dispersa y nos la acercó”, dice Carlos Pereiro, director de del Dock. ¿Por qué Fijman ahora? “Creemos que Fijman al igual que Viel Temperley —dice Pereiro— es más nombrado que leído, debido a la dificultad de conseguir su obra, que, aunque reeditada algunas veces, lo fue en forma esporádica y fragmentaria”.
Del Dock no está sola en este rescate. En el transcurso de este año, el poeta Alberto Arias, estudioso de la obra de Fijman, planea la salida de “Obras” (1923-69), un ambicioso trabajo en tres tomos: Poemas encontrados; Narraciones, ensayos, notas y cartas y Obras plásticas: dibujos, pinturas y pasteles. Arias ya editó “San Julián el pobre” (Araucaria, 1998) un libro de relatos de Fijman. Cuando la nueva obra esté en las librerías —no hay fecha precisa—, el autor planea montar una muestra con poemas manuscritos y obra plástica de Fijman.
Señalado por Juan ÇJacobo Bajarlía como el poeta que sale de las metáforas para intentar una poesía de imágenes, Fijman vivió en el Borda casi veinte años, con intermitencias: entró por primera vez cuando se llamaba Hospicio de las Mercedes en 1921.
Su producción de poemas y dibujos —trabajaba sobre servilletas o cualquier papel que encontrara— fue más copiosa durante sus reclusiones. En la página 24 de su prólogo a “Jacobo Fijman, Poesía completa”, Calmels anota que “durante su internación en el Borda, alrededor de 1960, realizaba traducciones del francés a los médicos del neurosiquiátrico, por lo cual cobraba un dinero que junto con la pensión de la Sociedad Argentina de Escritores le servía para mitigar las necesidades terrenales”.
Había colaborado en revistas religiosas como “Criterio”, “Número” y “Arx”. Pero pudo más su creciente misticismo que derivó en psicosis delirante. Antes había estudiado en el Profesorado de Lenguas Vivas, especializándose en Filosofía Antigua, Griego y Latín. También había adquirido conocimientos en leyes y matemáticas. Le gustaba la música clásica, especialmente el compositor y violinista italiano Arcanuelo Corelli y la espiritualidad de los cantos gregorianos.
Este hombre que se convirtió del judaísmo al catolicismo —lo bautizaron en 1930— fue un poeta olvidado: no era difícil verlo tocando el violín en una calle de cualquier ciudad; así, a veces, se ganaba la vida. Estuvo conectado en su juventud con el grupo “Martín Fierro”: Fijman perteneció a la generación del 22 y sus interlocutores eran Oliverio Girando, Pompeyo Audivert, Jorge Luis Borges y Leopoldo Marechal. Sus colegas lo llevaron a los libros: Fijman es Samuel Tesler, uno de los personajes de “Adán Buenosayres”, de Marechal, y Jacobo Fiksler en “El que tiene sed”, de Abelardo Castillo.
Quienes difundieron su obra fueron los poetas Vicente Zito Lema Y Juan ÇJacobo Bajarlía —autor de “Fijman, poetas entre dos vidas” (De la flor, 1992)—, quien alguna vez dijo que Fijman “quizás era el más grande poeta de la generación del 22, mucho más que todos los que en aquella época estaban promocionados por todos los medios. El más grande, pero estaba en el manicomio, donde padeció durante 29 años el olvido y el desprecio de los que alguna vez lo habían glorificado”.
