Compromiso con lo real
El universo de las cosas en su abierta variedad y en su dimensión secreta es abarcado por la poesía de Carlos Miguel Busignani. De allí la rica complejidad de su visión que actúa como un gesto totalizador: la realidad, poesía mediante, se impregna de lucidez.
El mundo es meditado poéticamente, convertido en imágenes múltiples mediante una operación verbal regida, a su vez, por una intención especulativa que se desenvuelve y concreta en el espacio lírico. Las efusiones mentales aparecen inseparables de la palabra comprometida con su destino estético.
La finalidad esencial de este discurso, su clave operativa, reside en la voluntad poética de dotar a las cosas de expresividad, de tornarlas elocuentes a partir de la apariencia. El primer ademán es descriptivo, señala y abarca una situación de lo real inmediato, de lo sensible. Después, el poeta moviliza su yo sobre ese paisaje hasta otorgarle carga emocional. El poema se cierra sobre sí mismo como una reflexión.
La mirada poética, en consecuencia, determina el comienzo de la exploración, pero es al mismo tiempo el germen del acto reflexivo. Así, el poema “Silencio de septiembre” revela nítidamente dicho mecanismo estructural: “Inmóvil resplandor/ apenas prefigura el día/ en la transparencia dormida./ Los campos, los cultivos, los ordenados árboles del parque, el brillo sordo, acantilado del agua, la serpeante roldana/ y el aljibe/ se precipitan en un instante a los sentidos/ como una antigua simulación/ de lo real.
Una poesía que no apela constantemente al gesto confesional sino que elabora proposiciones de significación directa sobre el mundo y las cosas, proyectando el concepto liberado de la generalización. De allí que cada poema desarrolla, a su manera, una idea en el sentido de revelar conocimiento, es decir, el poder y la aptitud de tener algo que decir y decirlo mediante una bella e inteligente organización de la palabra poética.
