3 disparos

Autor de la crítica: 
Lautaro Ortiz
Medio: 
Revista Lezama Nº 8
Tema: 
Nota a Carlos Pereiro. Director Editorial de Ediciones del Dock

Carlos Pereiro es editor y desde 1989 lleva adelante el sello Ediciones del Dock. Además acaba de publicar su segunda nouvelle titulada “El incidente”.

1.¿A partir de qué necesidad o planteo surgió Ediciones del Dock?
Un poco por azar. Había estado trabajando por un corto tiempo en una editorial y cuando cerró decidí que quería seguir en esto. Con Jorge García Sabal, un gran poeta y amigo, pensamos en crear un sello desde el cual publicar la literatura que nos gustara, aquello a lo que las llamadas grandes editoriales no le llevaban el apunte, sobre todo en poesía, un género que parece no existir para esas empresas. Convocamos a una antología y casi sin difusión nos llegaron más de quinientos trabajos, así surgió un libro que integraron muy buenos poetas, algunos ya reconocidos en ese momento como Hugo Padeletti y Arturo Carrera. Enseguida Sabal ganó con “Tabla rasa” el premio de poesía de “La Nación” y Joaquín Giannuzzi nos regaló para publicar una antología de su obra. El comienzo fue alentador y relativamente sencillo. Lo que no imaginaba hace quince años era que ese proyecto modesto pudiera sobrevivir hasta hoy. Tal vez nuestra manera de editar, el no estar enrolados en alguna de las sectas literarias que padecemos, haya logrado que un buen número de gente nos apoye y nos permita seguir acrecentando lentamente nuestro fondo editorial. Para esto contamos con el consejo y la colaboración de Javier Adúriz y Santiago Sylvester.

2.¿Cómo es la difusión de un sello que se distingue por su catálogo frente a la liviandad con que los medios literarios miran y comentan los libros que presumen de actualidad?
Difícil. Si hablamos de los suplementos literarios de los periódicos, mandamos nuestras novedades sin grandes esperanzas y sin pretensiones. Conocemos las reglas del juego. Ellos tienen que ganar dinero y no somos las pequeñas editoriales las que vamos a generárselo. Lo mismo en algún programa de TV en el que el conductor mira a cámara y mostrando la tapa recomienda leer la novela de la editorial auspiciante, ¿qué otra cosa puede hacer? No nos quejamos. De todas maneras, cuando publicamos algo que consideran muy interesante nos dan el espacio. Por otro lado, están las revistas, las publicaciones independientes —“Lezama sería un ejemplo al otorgarnos este lugar— que no sólo comentan nuestros títulos sino que apoyan el esfuerzo que hacemos para poner un libro en la calle.

3.¿Cómo ve usted el mercado editorial de poesía en el país?
El problema radica en que es un mercado muy pequeño. Los lectores de poesía son, casi exclusivamente, quienes a su vez la producen. Si a esto le sumamos que los poetas tienen, no sé por qué, una suerte de compulsión de regalar sus libros, casi no queda nada. La poesía prácticamente ha perdido, lamentablemente al lector común, a ese tipo interesado que en el colectivo, a la salida del trabajo, abría un libro de Tuñón, o de quien quieras. Creo que la pérdida de ese lector es un debate que los poetas se deben. Por otra parte, hasta hace poco tiempo eran contadas las librerías que aceptaban una consignación de libros de poesía. Los rechazaban como si estuvieran apestados. Creo que fue a partir de la proliferación de los ciclos de lecturas, de cafés literarios, que muchas empezaron a darle un lugar aunque más no sea en el fondo del local. Igualmente, a las que realmente les interesa el tema y pueden asesorar al comprador, son siempre las mismas. Nosotros intentamos que los libros estén en la mayor cantidad de lugares posibles, para que a aquel que nos busque no le resulte demasiado difícil encontrarnos. Para ello contamos con el corazón y las piernas de Fernando Kofman, nuestro vendedor, un tipo con más de treinta años de experiencia en la venta de libros y, por cierto, también él un poeta.